Ébola, sexismo y clasismo

el sexismo se aprende la igualdad también

Desde que el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez,  realizara sus desafortunados comentarios y no uno, sino una sarta de ellos, percibo en mí  misma cierto malestar interior, pero no consigo concretar la causa.

Hay algo oculto que no alcanzo a tocar con el teclado… Indignación, sí. Puede ser. Pero no es lo suficientemente específico. Necesito rayar en la precisión. En el porqué.

Algunas de sus palabras se hundieron en mí más que otras…

Las más hirientes fueron que muy mal no estaría la auxiliar si  había ido a la peluquería. Su rostro denotaba cierta dosis de reprobación (minuto 2:11). Parece que si alguien tiene unas décimas debe quedarse en su casa. Que es una cuestión moral, incluso. Y diría más. Parece que cuando una mujer va a la peluquería se va de fiesta. Como un entretenimiento. Aunque cualquier persona con décimas pudiera también pensar en distraerse o disfrutar. Sin embargo, si es una mujer, se transforma en frívola. Díscola, si me apuras.

Pensemos ahora en un varón que va a cortarse o a arreglarse el cabello. Si va a la barbería, al peluquero, a la peluquería de caballeros, se trataría más de una cuestión de aseo y cuidado personal. De puesta a punto respetuosa en deferencia al resto de seres del planeta. Pero claro, hemos de puntualizar que para adquirir este significado la peluquería debería ser de caballeros. Si se tratara de un establecimiento dirigido a la cabellera femenina o unisex ya eso sería otra cosa. Algo raro. Pero si  nos lo imagináramos, que no es inusual, tampoco lo tacharíamos de ligereza, de superficialidad.

Y alguien dirá, pero es que ella fue a depilarse. Muy bien. Al margen de que me guste o no la idea de la depilación. Pensemos en un hombre que va a depilarse y tiene unas décimas. Creeríamos que es deportista o que lo necesita para algo, antes de simplemente, que no le gusten los pelos. Nos parece hasta simpática la situación y diríamos, el pobre. Por su salud y por tener que soportar los tirones.

Supongamos por un momento que es un auxiliar de enfermería varón quien va a arrancarse los vellos. Podemos incluso llegar a pensar que va porque es más higiénico en su trabajo. Qué responsable es, fíjate. Incluso destemplado.

Planteemos que además ha sido uno de los profesionales que han atendido al sacerdote infectado de ébola. Imaginemos que el Consejero Javier Ruiz dice en público que el auxiliar se fue a depilar el torso, las piernas, los brazos. Desde una mirada patriarcal socialmente aceptada y naturalizada podría ocurrir algo de esto:

  • Sonaría raro en la boca del Consejero.
  • Nos dejaría estupefactos y estupefactas.
  • Nos daría un poco la risa.
  • Sería comprometido, embarazoso:
    • Sobre todo porque es una intimidad.
    • Sobre todo porque va a una peluquería de mujeres o a un centro de estética.
    • Sobre todo porque va a depilarse que es una cosa que no hacen los tíos (de verdad) solo los homosexuales y los metrosexuales, los culturistas, ciclistas, nadadores. Si son deportistas es algo más serio.

Pero no le reprobaríamos nada. Nos parecería su derecho, aún con alta temperatura. Si hubiera cuidado del sacerdote desde luego nadie le diría:

– No estaría tan enfermo, si no, no se iría de juerga a depilarse.

sexismo

Y no es ninguna juerga, claro. Quedaría al margen si está bien o no ir con décimas a la peluquería. Podríamos incluso llegar a concluir que él no creía que estuviera infectado y punto. Aunque nos diéramos cuenta del peligro. Es más, nos centraríamos en el posible peligro.

Fue un no sé qué, que qué se yo lo que a mí me entró cuando le escuché decir al consejero que no se necesitaba un máster para ponerse o quitarse un traje. Pero que cada persona tenía la capacidad de aprendizaje que tenía. La infectada era además de frívola, lerda. Está claro que si hubiera sido uno de los médicos especialistas en enfermedades tropicales, no hubiera hablado con tanta valentía. Y menos en el programa de Ana Rosa Quintana. En directo. Estoy segura de que si el implicado hubiera sido varón el consejero no se hubiera expresado igual tampoco. Pero, claro, se me olvidaba, si Teresa hubiera tenido el título de Medicina, seguramente no estaría donde está. No hubiera tenido que recoger vómitos, excrementos, secar el sudor o la saliva, que es lo que verdaderamente infecta.

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